Salir a conocer nuevas ciclovías es solo una excusa para seguir disfrutando la ciudad en cada trayecto.

En esta nueva experiencia descubrimos, por fin, la ciclovía de Américo Vespucio Oriente (AVO), inaugurada en julio y que nos tenía muy expectantes porque fue un proyecto esperado que podría cumplir con las expectativas de ciudades más sustentables y amigables con otros medios de transportes.

Esperamos que este recorrido te sirva como guía e inspiración para cuando quieras salir a pedalear hacia Las Condes.


Empezamos esta experiencia en la ciclovía de Andrés Bello, a la altura de Manuel Montt. Acá la ruta es simple y muy agradable, las lluvias hicieron lo suyo y hoy solo queda disfrutar el viento y los verdes árboles que bordean el Río Mapocho. Durante todo este trayecto puedes ir mirando los diferentes murales que hay por el río.

Antes de llegar a la ciclovía de Presidente Riesco hay un espacio en el que puedes descansar y disfrutar de la sombra de los árboles. Nosotros nos detuvimos y fotografiamos la escultura de llama con nuestra Wulf de State Bicycle Co® 😎.


Luego de la hidratación correspondiente, seguimos y tomamos la ciclovía de Presidente Riesco. Es una buena ruta para llegar rápido y seguro a Las Condes. La ciclovía y la señalética están en buenas condiciones, lo que hace muy grato el trayecto.

Pedaleamos cerca de 15’ y llegamos a la Ciclovía de AVO, que se deja ver con su color rojo y marcadas señaléticas.


La ciclovía que se inauguró hace un par de meses nace por la construcción de la autopista urbana Américo Vespucio Oriente, que aumentó en 6 las pistas para vehículos. Un número no menor que ameritaba la creación de un bandejón central con un parque, con espacio para disfrutar la ciudad en familia, a pie o en bicicleta.

Para todo esto, se podaron muchos árboles grandes y antiguos y a ello sumamos el costo en la calidad de vida de los ciudadanos. ¿Vale la pena habilitar tantas pistas y construir un cicloparque que podría haber sido mil veces mejor?


La calidad de la ciclovía y todos sus espacios son dignos de admiración si lo comparamos con muchas ciclovías del resto de Santiago, pero aún así es lamentable darnos cuenta que solo es el “desde” que no compensa los costos sociales y medioambientales. ¡Se perdió una tremenda oportunidad para crear ciclovías inclusivas, de calidad y nivel primermundista.

La ciclovía tiene solo 2.4 metros de ancho, que es el mínimo para una ciclovía bidireccional según el MINVU. Simplemente no puedes pasear de a dos o adelantar tranquilo si hay un alto tráfico de ciclistas por el lugar.

Lo otro lamentable es que se podría haber aprovechado la conectividad con el Metro Escuela Militar y el roce que se genera entre ciclistas y peatones es preocupante ya que las intersecciones, si bien están demarcadas y señalizadas, dificultan la convivencia entre ambos.


Lo cierto es que siempre se agradece una nueva ciclovía y espacios para transportarnos en bicicleta, pero el costo social es impagable. Habríamos esperado algo espectacular con estándares internacionales, pero nuevamente debemos conformarnos y mirar cómo la inversión en infraestructura para transporte en Chile se va al lado motorizado.

Luego de nuestro recorrido por AVO, tomamos Pocuro, una ciclovía igual de agradable que las anteriores, donde el paisaje continuó siendo una buena compañía. De hecho, es muy lindo ver cómo parte de ésta ciclo está lleno de lavanda. Llegamos hasta la Ciclovía de Antonio Varas para luego tomar Sucre y llegar a Casa Copenhague, en pleno Barrio Italia.

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